El rocío mañanero
Las gotas microscópicas
se deslizaban lentamente por las hojas.
Aunque no las veía, las sentía
entre el humo que cargaba el amanecer.
Allí, sobre el pasto, me senté.
Pensativo, apreté la mandíbula
y con la lengua acaricié mis dientes delanteras.
se deslizaban lentamente por las hojas.
Aunque no las veía, las sentía
entre el humo que cargaba el amanecer.
Allí, sobre el pasto, me senté.
Pensativo, apreté la mandíbula
y con la lengua acaricié mis dientes delanteras.
Y quizá con la devoción más sincera
me arrodillé, incliné el cuerpo
y me hundí en mí mismo.
No hubo lágrimas,
solo aquel nudo en la garganta
que ya estaba allí.
Y así me quedé pensando,
queriendo saber dónde estabas,
si nos habíamos ido alejando
o si acaso, en algún momento,
habías decidido conscientemente
alejarte de mí.
Cambiar de hábitos,
como quien deja de fumar
y comienza a hacer ejercicio,
a comer bien,
a tratar su cuerpo con cariño.
¿Acaso habías decidido, de repente,
tratar también a tu alma con cariño?
¿Estaba apretando demasiado el puño
con tu corazón entre mis dedos,
mientras con la otra mano
intentaba alcanzar a alguien
que se encontraba a lo lejos?
Qué cosa tan curiosa es añorar.
Y así, todavía hundido en mí mismo,
levanté la mirada y me eché a reír.
Qué ridículo resulta todo.
El anhelo,
la nostalgia,
el momento equivocado.
Entonces el eco de tu voz
me susurró al oído,
justo cuando un rayo de sol afilado
atravesó el amanecer:
me arrodillé, incliné el cuerpo
y me hundí en mí mismo.
No hubo lágrimas,
solo aquel nudo en la garganta
que ya estaba allí.
Y así me quedé pensando,
queriendo saber dónde estabas,
si nos habíamos ido alejando
o si acaso, en algún momento,
habías decidido conscientemente
alejarte de mí.
Cambiar de hábitos,
como quien deja de fumar
y comienza a hacer ejercicio,
a comer bien,
a tratar su cuerpo con cariño.
¿Acaso habías decidido, de repente,
tratar también a tu alma con cariño?
¿Estaba apretando demasiado el puño
con tu corazón entre mis dedos,
mientras con la otra mano
intentaba alcanzar a alguien
que se encontraba a lo lejos?
Qué cosa tan curiosa es añorar.
Y así, todavía hundido en mí mismo,
levanté la mirada y me eché a reír.
Qué ridículo resulta todo.
El anhelo,
la nostalgia,
el momento equivocado.
Entonces el eco de tu voz
me susurró al oído,
justo cuando un rayo de sol afilado
atravesó el amanecer:
«Odio verte triste».
Yo, en cambio
odio verme.
Yo, en cambio
odio verme.

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