La cuadriga
En los descampados
cerca de nuestra casa
bajo el sol ardiente
de la tarde caribeña
corríamos descalzos
sobre abrojos y tierra caliente
esperando milagrosamente
que no nos pincharan
y cuando lo hacían
como siempre pasaba
brevemente se lloraba
cerrábamos los ojos
y sin terminar el conteo
las espinillas se arrancaban
seguíamos corriendo
hasta encontrar muebles viejos
rotos y deshechos
y una vez, entre ellos
un cochecito de bebé
la canastita le arrancamos
a la bici la amarramos
y por ser yo el más pequeño
adentro me acomodaron
y me jalaron
gritando y saltando
sobre las piedras calizas
riendo y rebotando
sin pensar en las heridas
hasta que salí volando
y me di cuatro vueltas de carnero
antes de caer contra el suelo
quedé tirado
con la espalda llena de espinas
y la sangre derramándose
por un lado
al abrir los ojos
la claridad violenta del sol
cerca de nuestra casa
bajo el sol ardiente
de la tarde caribeña
corríamos descalzos
sobre abrojos y tierra caliente
esperando milagrosamente
que no nos pincharan
y cuando lo hacían
como siempre pasaba
brevemente se lloraba
cerrábamos los ojos
y sin terminar el conteo
las espinillas se arrancaban
seguíamos corriendo
hasta encontrar muebles viejos
rotos y deshechos
y una vez, entre ellos
un cochecito de bebé
la canastita le arrancamos
a la bici la amarramos
y por ser yo el más pequeño
adentro me acomodaron
y me jalaron
gritando y saltando
sobre las piedras calizas
riendo y rebotando
sin pensar en las heridas
hasta que salí volando
y me di cuatro vueltas de carnero
antes de caer contra el suelo
quedé tirado
con la espalda llena de espinas
y la sangre derramándose
por un lado
al abrir los ojos
la claridad violenta del sol
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